Llegó el verano y, para celebrarlo, os propongo este relato al estilo oriental escrito hace ya un cuarto de siglo, muy lejos de esta tierra, y que habla del mar, del calor, de la arena y de los cambios.
Hace mucho, mucho tiempo había un rey llamado Sahar, cuyo reino era una hermosa isla en el centro de un mar tranquilo y benévolo.
Los padres de Sahar murieron cuando él era muy niño, y él quedó a cargo de unos preceptores extranjeros.
Con la ciencia y la sabiduría que aprendió de aquellos hombres hizo de su isla un próspero reino, en el que a nadie faltaba de nada, y todos eran felices estando bajo las órdenes de su joven rey.
En realidad, no todos eran felices en aquel reino: el propio monarca era infeliz aunque había procurado la felicidad a todo su pueblo.
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